Viernes, 9 de Diciembre de 2022

Atlantic Review of Economics 

            Revista Atlántica de Economía

Colegio de Economistas da Coruña
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Volumen 2 Número 08: El Crecimiento Económico de América Central en los Noventa: Logros, Pendientes y Retos.

Juan Carlos Moreno Brid
Asesor Regional, CEPAL

Rafael Márquez Arias
Consultor, CEPAL

Reference: Received 09th May 2003; Published 03rd June 2003.
ISSN 1579-1475

Este Working Paper se encuentra recogido en DOAJ - Directory of Open Access Journals http://www.doaj.org/

 

 

Abstract

In this work, we analyse the patterns of growth in Central America during the 90s and identify the fundamental elements which show a divergence with respect to the previously followed pattern. Special emphasis is put on examining the relationship between the form of external insertion and the change in the activity rate. An important conclusion in this sense is that, for the region, obtaining a highly sustainable development demands implementing a strategy to strengthen the linking of exports with the rest of the production system.

Resumen

En este trabajo se examinan las pautas de crecimiento de América Central en los noventa, identificando los elementos fundamentales que marcan una divergencia con respecto al patrón seguido anteriormente. Énfasis especial se pone en examinar las interrelaciones que se dan entre la forma de inserción externa y el cambio en el ritmo de actividad. Una conclusión importante en este sentido es que, para la región, lograr una senda de expansión sostenida y elevada exige poner en marcha una estrategia de fortalecimiento de los encadenamientos de las exportaciones con el resto del aparato productivo.


I.-INTRODUCCIÓN

   Al igual que la vasta mayoría de países de América Latina durante los años noventa, Centroamérica salió de la fase de estancamiento económico, alta inflación y deterioro de las condiciones sociales que sufrió durante la llamada "década perdida" provocada por la crisis internacional de la deuda. El rasgo común de esta reactivación económica -tanto en el istmo como en el resto de la región- es que tuvo lugar en un marco de cambio fundamental en su estrategia de desarrollo. En efecto, se adoptó una estrategia marcada por la reducción drástica de la intervención directa del sector público en la esfera económica y por la apertura de sus mercados locales a la competencia externa, dejando atrás su concepción tradicional centrada en la promoción de la industrialización por parte del Estado con base en la sustitución de importaciones. Dicha reorientación de la política macro ha transformado la estructura económica de la región de modo que actividades y sectores antes dedicados mayormente al mercado interno han perdido el papel central que tenían y han sido desplazados por otros avocados a la exportación.

  Un elemento especial en la evolución del istmo centroamericano en esta última década ha sido la conclusión de sus conflictos armados internos. El final del enfrentamiento armado en Nicaragua en 1990 tuvo efectos favorables a su vez en Honduras. En 1992 el gobierno salvadoreño firmó el Acuerdo de Paz con la guerrilla y, posteriormente, en diciembre de 1996 se firmó el Acuerdo de Paz en Guatemala. Ello permitió encausar la discusión de política y política económica dentro de un marco de mayor respeto por las prácticas democráticas. Y también dio oportunidad a que los montos de recursos fiscales y de divisas -que antes se usaban para fines bélicos- pudiesen ser usados para la reconstrucción de infraestructura y para el gasto social.

   La pacificación abre espacios institucionales para que el diseño, aplicación y evaluación de las políticas económicas tome mejor en cuenta las consideraciones de la sociedad civil, y para que las cuestiones públicas -los bienes públicos- dejen de ser coto exclusivo de la acción gubernamental. Para que dicho proceso cobre permanencia será necesario que la nueva estrategia de desarrollo efectivamente inserte a las economías de Centroamérica en una senda de crecimiento elevado y sostenido con una distribución más equitativa de sus beneficios. Al respecto, si bien la transformación económica del istmo en los últimos diez años ha tenido logros fundamentales, aún muestra limitaciones que le impiden avanzar más en la resolución de los agudos problemas de pobreza y desigualdad que sufren sus poblaciones.

   La reactivación económica de los noventa ayudó a mejorar las condiciones de vida de los estratos menos favorecidos. En la misma dirección actuó la evolución del gasto social. En efecto, en estos años y con la excepción de Honduras, se aumentó el gasto social -medido en términos reales por habitante o como proporción del gasto público total o del PIB respectivos- (CEPAL, Panorama Social 2001, pp.117-118). La información disponible muestra una menor incidencia de la pobreza y de la indigencia entre la población de casi todos los países centroamericanos. El Salvador, Nicaragua y Guatemala, tres de los cuatro países del istmo con mayor extensión de la pobreza experimentaron entre 1990 y 2000 caídas de cuatro o más puntos en el porcentaje de población viviendo en condiciones de pobreza. Panamá y Costa Rica también reportaron mejoras en este aspecto, si bien partieron de niveles relativamente mejores. Honduras, el país más pobre del área, en cambio, reportó un escaso avance en su lucha por reducir la incidencia de la pobreza absoluta, aunque si de la indigencia, entre su población.

   Desafortunadamente, la disminución del ritmo de actividad económica en el 2001 interrumpió y revirtió parcialmente estos avances. El problema se agravó sin duda en el 2002, al continuar la desaceleración económica. Hoy en día la pobreza continua asolando a vastos contingentes en Centroamérica, al grado de que en varios países más del 50% de su población es pobre o indigente.

   A pesar de su repunte en los noventa, la economía centroamericana no ha alcanzado el dinamismo suficiente para crear los puestos de trabajo formales que tanto urgen. Su ritmo de actividad ha sido inestable y acusa una fragilidad aguda ante "choques" adversos en los mercados internacionales. Particularmente preocupante resulta que desde hace cuatro años el istmo se encuentra en una fase de desaceleración económica asociada al deterioro en sus términos de intercambio y al debilitamiento de sus exportaciones. De hecho en 2001-02 el producto interno bruto por habitante se contrajo en términos reales.

   Las agudas carencias y rezagos sociales en la mayoría de países del istmo, la fragilidad y acotado dinamismo de su patrón de crecimiento económico obligan la reflexión en torno a los avances e insuficiencias del estilo de desarrollo en la región hoy en día. Esperando aportar elementos a esa futura revisión, el presente trabajo presenta un análisis de las características, obstáculos y pendientes del patrón de crecimiento económico y de comercio exterior que caracteriza a Centroamérica a partir de los noventas.


II. ESTABILIZACIÓN Y REFORMAS ECONÓMICAS EN CENTROAMÉRICA EN LOS NOVENTA

  1. Política macroeconómica

  Fue a raíz de la crisis internacional de la deuda externa en los ochenta que América Latina comenzó a redefinir su estrategia de desarrollo y abandonó la pauta tradicional seguida en los últimos treinta o cuarenta años. Esta pauta, como es sabido, se caracterizó por la firme intervención del Estado en la promoción de la industrialización a partir de políticas de promoción sectorial con base en subsidios, incentivos y mecanismos de protección especiales incluyendo el acceso -parcial o totalmente- restringido de la competencia externa a ciertos mercados locales.

   Centro América no fue ajena a esta reorientación de las estrategias de desarrollo. De hecho en los noventa hubo una notable convergencia de las políticas macroeconómicas nacionales, que contrastó con la dispersión y asincronía que tuvieron durante los ochenta.1 Dicha convergencia resultó del diagnóstico crecientemente compartido por los gobiernos de la región y los organismos financieros internacionales, que identificó a la "sustitución de importaciones promovida por el Estado" como la causa de su atraso y vulnerabilidad económica. Así se originó un nuevo consenso en torno a las políticas macroeconómicas que deben implementarse para impulsar el crecimiento económico, y el papel que deben jugar el sector público, el privado y el capital externo en este proceso.

   La nueva visión estratégica tuvo tres ejes centrales: la búsqueda de una mayor integración de Centroamérica -y de Latinoamérica en general- a la economía internacional con base en la apertura de los mercados locales y en el desarrollo de actividades exportadoras distintas a las tradicionales; la puesta en marcha de un proceso de reformas para acotar de manera radical la intervención estatal en la esfera económica; y la consecución de la estabilidad macroeconómica como el factor indispensable para el crecimiento económico.

   A lo largo del istmo, las administraciones gubernamentales sucesivas se fijaron como prioridad bajar la inflación a estándares internacionales y sanear las finanzas públicas. Simultáneamente, instrumentaron reformas en pro de la apertura comercial y, con distintos grados de intensidad, de la liberalización del sector financiero, la desregulación de la economía y la privatización de empresas estatales. (Ver Apéndice Estadístico; Cuadro 1)

   La nueva estrategia de desarrollo enfrentó condicionantes, externas e internas, diferentes a las que habían prevalecido. Entre las primeras destacan ciertas transformaciones en las relaciones económicas internacionales que cobraron fuerza en los noventas y pueden resumirse como la "regionalización abierta". Esta se entiende como la conformación de bloques regionales para competir concertadamente en los mercados internacionales, en un contexto de creciente globalización y, sin duda, ha marcado el nuevo estilo de desarrollo en Centroamérica. La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) eliminó el acceso preferencial a ciertos mercados de Estados Unidos del que gozaban algunos productores centroamericanos vis a vis México. La reordenación de ventajas competitivas a favor de los países firmantes del TLCAN, merced a su acceso privilegiado al mercado norteamericano, creó presiones para desviar inversiones extranjeras potenciales hacia México y Canadá. Por otra parte, la creciente resonancia que cobra la idea de celebrar un acuerdo comercial similar entre Centroamérica y los Estados ha reanimado los esfuerzos de coordinación de políticas macroeconómicas en la subregión. Ejemplo reciente de ello es el avance hacia la creación de una Unión Aduanera.

   Debe señalarse que paradójicamente la pacificación acarreó la reducción de ayuda externa que la región había recibido de manera abundante en los años ochenta, aportada principalmente por la USAID, aunque esto fue compensado con creces por el nuevo apoyo financiero aportado por organismos financieros internacionales, especialmente el BID. A la vez, en Guatemala, Nicaragua y El Salvador en estos años se ejerció presión especial sobre los presupuestos públicos a fin de dedicar más recursos para cumplir con los compromisos inherentes a la pacificación. Entre estos compromisos destacan el apoyo a la reinserción en la vida productiva de los combatientes desmovilizados, la reactivación de la actividad productiva en las zonas de conflicto y el aumento del gasto social.

  2. Las políticas fiscal y monetaria

   Dentro de la nueva visión se considera que la estabilización económica interna, entendida como el abatimiento de las presiones inflacionarias y la reducción del déficit fiscal era indispensable para reducir las distorsiones en la asignación de recursos. Además se supuso que serviría para aliviar la restricción externa de la región, pues ayudaría a franquear el acceso de los gobiernos a créditos de los organismos financieros internacionales.

   En general, la política fiscal de los países centroamericanos se orientó a reducir el sector público y su déficit, consecuentemente se privatizaron algunas de sus empresas, su propuso una cierta remodelación de los regímenes tributarios y la administración pública. La reducción del tamaño del Estado implicó, obviamente, la contracción de su gasto, primordialmente el de inversión pero también el de tipo corriente. Esto provocó el despido masivo de empleados y la eliminación de numerosos subsidios. La remodelación de los regímenes tributarios, típicamente, incluyó la unificación de impuestos, la ampliación de la base tributaria (en algunos casos), la supresión de exenciones fiscales y la reducción de aranceles a la importación. Se prefirió implementar impuestos directos al Valor Agregado y, en algunos casos, se diseñaron impuestos "especiales", de carácter temporal, a ciertos productos o los bienes de consumo importados. Paralelamente se corrigieron al alza las tarifas de servicios públicos.

   Sin embargo, en general, los esfuerzos drásticos en la reducción de los gastos -sobretodo en acumulación de capital- no fueron acompañados de compromisos firmes para elevar los ingresos. No se concretaron los acuerdos políticos necesarios para remover debilidades y limitaciones importantes en la capacidad de recaudación tributaria. Además, los avances hacia la reducción del déficit fiscal se entorpecieron en algunos casos por la rigidez, la falta de capacidad de ajustar los gastos por concepto de intereses sobre la deuda pública, sea esta interna o externa. En todo caso, se logró reducir el déficit fiscal de manera considerable en los países del istmo. (Ver Apéndice Estadístico; Cuadro 1)

   La naturaleza política del proceso presupuestal contrasta con el relativo aislamiento de las decisiones monetarias, de tal forma que el peso de la estabilización descansó principalmente en la política monetaria, y más precisamente en el control inflacionario. Punto importante para el control de la inflación fue la adopción de tipos de cambio relativamente inflexibles. Estos sirvieron para reducir las presiones inflacionarias, tanto directamente -al reducir relativamente el costo de los mismos y bienes importados- como indirectamente al frenar las tendencias que se dan al alza de los precios pari-passu con las devaluaciones cambiarias. La estrategia tuvo éxito al cortar las presiones inflacionarias, pero con el riesgo de provocar una apreciación persistente del tipo de cambio real que debe ser corregida periódicamente con devaluaciones.

   De manera complementaria se buscó controlar la liquidez de la economía mediante el uso del encaje bancario y, recientemente en algunos casos, mediante operaciones de compra-venta de certificados gubernamentales (las denominadas operaciones de mercado abierto) apoyadas en la liberalización de las tasas de interés. Esta preferencia por la emisión de títulos y certificados del gobierno para controlar la liquidez presionan al déficit cuasi-fiscal agravan la tensión fiscal. 2

  No obstante los avances logrados, parece válido afirmar que la subregión no ha logrado consolidar su estabilización macroeconómica. Su expansión se encuentra en franca desaceleración hace varios años, mientras que el déficit comercial y en cuenta corriente llega -en algunos países- a proporciones del PIB demasiado elevadas. Asimismo, varias de las reformas estructurales están inconclusas. Entre éstas, probablemente la más importante es la reforma fiscal que urge aplicar para fortalecer los ingresos tributarios.



III. EL CRECIMIENTO ECONÓMICO EN LOS NOVENTA: FORTALEZAS Y DEBILIDADES

   Durante 1990-2000 el producto interno bruto (PIB) real agregado de los seis países del istmo (Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y El Salvador) medido en dólares constantes aumentó a un tasa anual media de 4.4 %. Este desempeño fue aproximadamente cuatro veces más dinámico que el 0.95% de la década previa. En lo que concierne a la inflación anual -después de registrar en algunos casos incrementos superiores al 100%- hace ya más de cinco años que se reportan alzas de un dígito en el índice de precios al consumidor en casi todos los países de la región. (Ver Apéndice Estadístico; Cuadro 1)

   Son diversas las causas de la reanimación de las economías centroamericanas en los noventa. Entre las que se originan en el entorno externo destacan el prolongado e intenso crecimiento de la economía de Estados Unidos y del comercio mundial. Están también la mejora en los términos de intercambio de Centroamérica (Ver Apéndice Estadístico; Gráfica 1) es decir, la evolución favorable del precio de sus exportaciones relativamente al del precio de sus compras externas. Influyó en la misma dirección el restablecimiento del flujo neto de recursos del exterior. Una porción importante de estos flujos ingresó como inversión extranjera directa atraída por los procesos de privatización, aunque también se dio la construcción de nuevas plantas industriales en la región, orientadas hacia la exportación por parte de empresas transnacionales. En este sentido, las experiencias más relevantes fueron probablemente las de INTEL en Costa Rica y las del auge en la instalación de plantas maquiladoras en Guatemala, El Salvador y Honduras -sobre todo de productos de vestido para el mercado de Estados Unidos.

   Debe subrayarse que las remesas constituyen hoy en día una de las principales fuentes de divisas en varios de los países del istmo. El extraordinario incremento de las remesas internacionales -especialmente en El Salvador además de Guatemala, Nicaragua y Honduras- fue, en última instancia, consecuencia del incremento en el tradicional flujo migratorio centroamericano hacia los Estados Unidos durante los años ochenta - provocado por las dificultades económicas y las condiciones de violencia y persecución que se vivió en buen parte de la región - y los años noventa.

   Entre las causas más bien endógenas de la reactivación de la actividad productiva se puede contar el avance en la corrección de ciertos desequilibrios que generaban presiones inflacionarias. Según diversos analistas otra influencia favorable, asociada al cambio de estrategia económica, fue la puesta en marcha de reformas orientadas a colocar al sector privado -al exportador en particular- como el motor central de la inversión en la región. En efecto, y como se examina en detalle posteriormente, las actividades de exportadores pasaron a ser el elemento de mayor dinamismo. Un estímulo adicional que contribuyó al repunte económico de la región, provino de la demanda acumulada (pent-up demand) por bienes de capital y por ciertos artículos de consumo (principalmente de carácter duradero) gestada durante los ochenta la "década perdida". En efecto, la necesidad de inversión para reponer el equipo debida a los procesos naturales de depreciación y de obsolescencia se acentuó por los daños causados -en especial a la infraestructura- a raíz de los violentos conflictos armados internos. Asimismo, el cambio en la estrategia de desarrollo obligó a invertir en nueva maquinaria para reconvertir la planta industrial a fin de que pudiese enfrentar a la competencia internacional sin apoyo alguno de las anteriores políticas de protección y de subsidio (que estaban siendo eliminadas).

   La apertura de los mercados centroamericanos a la competencia del exterior incentivó la transformación de la estructura productiva de la región, en parte al pugnar por una mayor eficiencia y productividad, y en parte por la clausura de empresas locales. Por un lado la reorientación del aparato productivo hacia el mercado externo colocó progresivamente a las exportaciones como motor del crecimiento económico. Por el otro, detonó una intensa penetración de importaciones. Así, a la vez que se fue conformando un nuevo sector de exportadores competitivos internacionalmente también fueron cerrando operaciones diversos productores que, tradicionalmente dedicados al mercado interno, no pudieron modernizar su planta con celeridad suficiente para competir con las importaciones. En la medida en que las importaciones desplazaron una proporción importante de producción local y que el auge del sector exportador no se acompañó de la creación de nuevas y amplias redes de proveedores instalados en la región misma, se minó el potencial que tendría el nuevo modelo exportador de impulsar un crecimiento económico elevado y persistente.

   Con todo es de destacar que en el período comprendido entre 1990 y 2000, por primera vez en varias décadas, Centroamérica se ubicó entre las economías relativamente más dinámicas en el continente latinoamericano. Entre esos años, salvo Honduras, todas las economías del istmo crecieron a tasas anuales por encima del 3.3% que registró América Latina en promedio. En más detalle, en estos diez años y medido en dólares constantes de 1995, el PIB real de Costa Rica se elevó a una tasa media anual de 5%, mientras que Panamá, El Salvador y Guatemala al 4.5%, 4.4% y 4.2% respectivamente. Nicaragua y Honduras, registrando tasas de 3.6% y 3.2% (Ver Apéndice Estadístico; Cuadro 3).

   Cabe precisar que en 1990-2000, salvo Honduras, todas las economías del istmo crecieron a tasas anuales por encima del 3.3% que registró América Latina en promedio. En más detalle, en estos diez años y medido en dólares constantes de 1995, el PIB real de Costa Rica se elevó a una tasa media anual de 5%, mientras que Panamá, El Salvador y Guatemala al 4.5%, 4.4% y 4.2% respectivamente. Nicaragua y Honduras, registrando tasas de 3.6% y 3.2%.

   Esta nueva fase de expansión, si bien permitió salir del estancamiento que caracterizó a la "década perdida", polarizó algunas brechas, algunas desigualdades entre las economías del istmo. En efecto la economía más dinámica en este lapso fue Costa Rica, mientras que las de reactivación más pausada fueron Honduras y Nicaragua; las economías menos adelantadas de la región. De hecho, el PIB real hondureño pasó de ser equivalente al 37% del costarricense en 1990, a ser el 31.% del correspondiente en el 2000. La brecha respectiva de Nicaragua se ensanchó y su PIB real, de ser equivalente al 19% del costarricense en 1990, pasó a ser un 17% del correspondiente en el 2000 (Ver Apéndice Estadístico; Gráfica 2).

   En conjunto, el PIB per cápita centroamericano creció en términos reales a una tasa anual media de 1.8% entre 1990 y el 2000, lo cual se compara favorablemente con la media latinoamericana correspondiente (1.4%) y acortó en un punto y medio la brecha respecto a la región colocándose en 43% en el 2000. El análisis comparativo en términos per capita también muestra cierta polarización entre las economías del istmo. Durante el decenio, el PIB real per capita de Honduras y Nicaragua registró los más bajos crecimientos de la subregión, con 0.3% y 0.7% respectivamente e inferiores a la media latinoamericana. En Guatemala el alza correspondiente fue de 1.4%. En cambio las economías más avanzadas fueron las que más rápido crecieron: Panamá (2.7%), El Salvador (2.3%) y Costa Rica (2.2%). Este contrastante desempeño se tradujo en un incremento del rezago de Nicaragua y Honduras respecto a los demás países centroamericanos: sus brechas con respecto al PIB per capita de Costa Rica se ampliaron en 3 y 5 puntos porcentuales, ubicándose en 12.8% y 18.8% respectivamente. Guatemala, igualmente, perdió terreno en este aspecto, y su PIB per capita se ubicó para entonces en un nivel equivalente al 41.9% del costarricense, frente al 45.5% que registró en 1990. El menor dinamismo aparente de Costa Rica cuando se toma en cuenta la variable demográfica refleja la fuerte entrada de inmigrantes al país, en buena medida procedentes de Nicaragua.

   Además de su mayor dinamismo relativo, la senda de expansión económica conjunta del istmo Centroamericano evidenció durante este lapso menor fragilidad ante los impactos externos. En efecto, la subregión acusó en menor grado el efecto de los dos primeros choques macroeconómicos que sufrieron las economías de América Latina en los últimos doce años. Por otra parte, varios países del istmo fueron víctimas de desastres naturales, en particular terremotos y huracanes.

   El llamado "efecto tequila" detonado en 1995 por la crisis de balance de pagos mexicana -y la fuga de capitales a la que dio lugar- tuvo un impacto menos significativo en Centroamérica que en otros países de América Latina. Notoriamente, ese año la subregión aumentó ligeramente su ritmo de crecimiento, en contraste con la intensa desaceleración de la amplía mayoría de las economías latinoamericanas, de hecho se dio una caída de la tasa de media expansión del PIB agregado latinoamericano de 5.2% en 1994 a 1.1% en 1995 (Ver Apéndice Estadístico; Gráfica 2.a).

   Análogamente, Centroamérica resintió en menor grado el impacto de las perturbaciones financieras internacionales de 1998-99 provocadas por la crisis de algunas economías asiáticas -incluyendo la de la Federación de Rusia. Así, no obstante la volatilidad financiera internacional en 1997-99 la economía de América Central mantuvo elevadas tasas de expansión (cercanos al 5% anual). En cambio, la tasa de expansión del PIB real para América Latina se desplomó a 2.2% en 1998 y a 0.3% en 1999 (Ver Apéndice Estadístico; Gráfica 1.a).

   Esta mejor respuesta de las economías del Istmo Centroamericano frente a los choques externos que se dieron en los noventa se debe -con la excepción de Panamá- a la menor internacionalización y profundidad de sus mercados de capitales en comparación con los de otras economías latinoamericanas, en particular de las más grandes. La limitada presencia de los países centroamericanos en los circuitos financieros internacionales explica el hecho de que la subregión haya quedado relativamente protegida de los efectos adversos de dichos choques, que se transmitieron básicamente a través de movimientos especulativos de capitales.

   En todo caso, el relativamente favorable desempeño económico del istmo centroamericano concluyó a fines de la década al clausurarse la larga fase de intensa actividad de la economía de EUA. Durante los años noventa Estados Unidos fue el único de los tres "motores" de la economía mundial que tuvo un desempeño dinámico,3lo que generó una fuerte demanda de importaciones. Su desaceleración tuvo un grave impacto en la subregión dado que las exportaciones ya se habían convertido en el sector más dinámico de las economías de Centroamérica y de la mayoría de países latinoamericanos. Debido al considerable peso del mercado de Estados Unidos como sector de destino de las exportaciones centroamericanas, la pérdida de impulso de la economía norteamericana deprimió la actividad productiva en la región. Esta perdió impulso, al punto en que durante el 2001 el PIB centroamericano per cápita se contrajo 2.2% en términos reales (el de América Latina en promedio cayó 0.6%). Las cifras disponibles indican que la situación no se compuso en el 2002. Y hay consenso de que las perspectivas de un repunte sólido y duradero en la subregión se complicará en el 2003 pues no parece reanimarse la actividad económica de los Estados Unidos, ni tampoco el flujo de capitales a la región. La incursión bélica en Irak agravará la incertidumbre, deprime el clima de inversión y, su efecto probable en un alza e inestabilidad en los precios del petróleo son un factor desfavorable adicional.

   A manera de conclusión de esta parte, cabe subrayar que, no obstante, el mayor crecimiento económico del istmo durante los noventa, su expansión fue menos dinámica de la que tuvo durante 1950-80. En promedio en esos treinta años el PIB real centroamericano se expandió a una tasa media anual del 5.1%, casi un punto por encima de su alza media en los noventa. Esta insuficiencia de la reciente recuperación económica no es exclusiva de Centroamérica. Salvo contadas excepciones, la estrategia de crecimiento de América Latina en el período 1990-2000 -basada en la apertura comercial y financiera y la reducción de la injerencia del sector público en la economía- no ha sido capaz de ubicarla en una senda de expansión sostenida igual o más elevada a la que tuvo durante 1950-80 cuando se aplicó una estrategia de desarrollo marcada por la fuerte intervención del Estado para promover la industrialización a través de la sustitución de importaciones (Ver Apéndice Estadístico; Cuadro 3 ).



IV. PONDERACIÓN RELATIVA DE LOS DIFERENTES COMPONENTES DE LA DEMANDA COMO IMPULSORES DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO


   El cuadro 4 presenta los resultados de una primera aproximación al análisis de los componentes de la demanda - gasto - para comprender las razones del acotado ritmo de crecimiento económico en el istmo, y de América Latina en general, durante los noventa.4 Al respecto, destaca la orientación más acentuada de las economías del istmo a las exportaciones. En 1990 la participación del comercio exterior en el gasto total en el istmo triplicaba el promedio latinoamericano. Dicha participación se incrementó durante la década. En el 2000 las importaciones y las exportaciones de Centroamérica representaban más del 40% de su PIB, muy por encima del promedio latinoamericano (aproximadamente 21%). Es notable que tanto en Centroamérica como en América Latina en conjunto, si bien las exportaciones crecieron con fuerza en los noventas, las importaciones lo hicieron con mayor ímpetu. En Centroamérica dicho diferencial en las tasas medias de expansión anual es de menos de un punto porcentual (6.2% versus 7.1%), en contraste el diferencial correspondiente para el promedio latinoamericano es de poco más de dos puntos porcentuales (8.4% versus 10.5%).

   Por su parte en 1990 la participación de la inversión bruta fija en el PIB centroamericano era 15.7%, más de tres puntos debajo de la media latinoamericana. Diez años después, y merced al mayor repunte del proceso de acumulación de capital en Centroamérica (7.6% de alza anual frente a 4.9% de la media latinoamericana), su brecha relativa al promedio regional se había acortado. Su coeficiente de inversión era 21.2% frente a 22.6% de la región. Un análisis más fino revelaría que en ambos casos, la inversión privada fue la que mostró dinamismo pues la de origen público tuvo un retroceso, reflejo de la reorientación de la estrategia de desarrollo y de la precariedad de los recursos fiscales.

   El cuadro 5 muestra la descomposición del crecimiento del PIB en términos reales entre 1990 y el 2000 por categoría de gasto en cada uno de los países del istmo (véase también cuadros 3 y 4). Comparando las cifras agregadas de Centroamérica con la del continente en conjunto resalta el hecho de que en el istmo, las exportaciones tuvieron mucho mayor peso relativo en el impulso del crecimiento del PIB. Mientras que en el istmo respondieron por 57% del alza en el PIB, en Latinoamérica en conjunto lo hicieron por 44%. Similarmente el aumento de la oferta importada fue considerablemente más elevada en el istmo que en América Latina en conjunto. La participación media de la inversión bruta interna como factor de impulso al crecimiento del PIB fue parecida en el istmo y en América Latina en conjunto (32%). Por su parte, el repunte del consumo -mayoritariamente el privado- tuvo más peso en el impulso de la actividad económica en el istmo (82%) que en el continente (78%).

   El cuadro 5 reporta el peso de cada uno de los componentes de la demanda en el cambio porcentual del PIB para los países de la región. Un caso notable es el de Costa Rica, pues no solo reportó la mayor tasa de crecimiento del PIB durante la década (5% anual) sino que de ese crecimiento las exportaciones explican la mayor proporción (85%), en tanto que el consumo y la inversión contribuyeron con apenas 65% y 13% respectivos, las cifras más bajas para toda la región. La orientación del modelo de crecimiento impulsado por exportaciones es también evidente en El Salvador, si bien con menos contundencia. Y en el resto de los países de la región cabe pensar en distintas tonalidades del modelo.

   El crecimiento anual del PIB durante los años noventa promedió 4.4% en El Salvador y 4.2% en Guatemala; en ambos el consumo fue el factor de mayor impacto en el cambio del PIB durante la década (88% y 87% respectivamente). Sin embargo, el peso de las exportaciones fue importante (70.6% y 42.5% respectivamente) y estuvo por encima del que tuvo la inversión bruta interna (26.2% y 30.3%); la salvedad -en comparación con Costa Rica- reside en que, simultáneamente, el impacto (negativo) de las importaciones fue mayor (84.6% y 59.9%).

   En Nicaragua y Honduras, al igual que en los dos casos anteriores, el consumo es el factor de mayor peso en la variación del producto (103% y 85% respectivamente). En ambos países las importaciones elevaron fuertemente su peso como proporción del producto. En el caso de Nicaragua -cuyo PIB real creció a un ritmo anual de 3.6%- el peso de las exportaciones (68%) es similar al de la inversión (66%), pero el alza en las importaciones fue mucho mayor. En Honduras, que registró el menor crecimiento en la región, el impulso de las exportaciones al producto fue más bien discreto (16%), que equivalió a casi una cuarta parte de la aportación de la inversión (59%) o al efecto que tuvieron las importaciones (60%).

   El caso de Panamá es atípico dentro de la región pues sostuvo una tasa de variación anual del producto de 4.5% (inmediatamente menor a la de Costa Rica), pese a que el balance entre los factores internos y externos de la demanda se asemejan más al de Honduras. En efecto, el consumo sostuvo el peso principal del crecimiento del producto (92%) seguido por la inversión bruta con una aportación de 55% de la variación del PIB. Sin embargo, la contribución de las exportaciones fue apenas de 32%, lo cual representó menos de la mitad del peso (negativo) de las importaciones (79%).

   Otra forma de verificar la mencionada orientación exportadora es al evaluar las tasas de crecimiento anual de los componentes de la demanda (Ver Apéndice Estadístico; Cuadros 2 y 3). Costa Rica fue el país con mayor dinamismo neto exportador. Fue el único cuyas exportaciones crecieron a un ritmo anual medio (10.7%) superior ampliamente al de sus importaciones (7.9%). En El Salvador los ritmos de crecimiento de exportaciones e importaciones fueron de 12.5% y 11.2% respectivamente. El resto de los países observaron ritmos menos dinámicos en el crecimiento de las exportaciones y, de hecho, la diferencia entre el ritmo de variación anual de las exportaciones y las importaciones es negativo. Este comportamiento es consistente con el mayor crecimiento económico de El Salvador que en Guatemala. En lo que sigue se analiza en qué medida el insuficiente crecimiento económico en los noventa tiene raíces en su desempeño en el comercio internacional..5



V. CENTROAMÉRICA: EVOLUCIÓN DE LA OFERTA Y DEMANDA AGREGADAS

   En cuanto al comportamiento del gasto total (de la demanda ) y la oferta (de origen nacional o importado) en Centroamérica entre 1950 y 2000 en el análisis comparativo se consideran tres grupos de economías: grandes, medianas y pequeñas, distinguiendo al interior de estas últimas a las centroamericanas (Ver Apéndice Estadístico; Cuadro 3).6 En primer lugar hay que señalar el repunte generalizado del gasto final (la demanda) en toda Latinoamérica durante los noventa (4.3% anual), dejando atrás el estancamiento que tuvo durante los ochenta. pero sin alcanzar las tasas logradas en 1950-80 (5.5%). En las economías grandes el impulso correspondiente durante 1990-2000 (4.3%) fue inferior al de 1950-80 (5.9%), esta diferencia fue menor en las economías restantes. En este sentido, el caso más favorable fue precisamente el de Centroamérica, cuyo gasto final (la demanda) en los noventa creció rápidamente (5.2% anual ) y casi al ritmo que registró durante 1950-80 (5.3%).

   El grado de respuesta de la producción local (PIB) a la expansión del gasto durante los noventa guardó diferencias significativas respecto a su comportamiento durante la fase de sustitución de importaciones (1950-80). En las tres primeras décadas la producción local en América Latina creció al mismo ritmo que el gasto (5.47%) y ligeramente por encima del alza media de las importaciones. Así en la región en conjunto, el crecimiento de las importaciones fue casi igual al del PIB7 reflejando la orientación de la estrategia macroeconómica hacia la sustitución de importaciones. No obstante, las cifras muestran un desempeño distinto de las economías de Centroamérica -y en general de las economías pequeñas durante ese período, revelando, en promedio, una rítmica y creciente penetración de las importaciones muy superior al del aumento de productos fabricados localmente. Este comportamiento en términos técnicos se refleja en la elasticidad-ingreso de las importaciones que tanto en Centroamérica como en las demás economía pequeñas tomó niveles por encima de la unidad. En estas economías la estrategia de sustitución de importaciones tuvo menor fuerza, probablemente por el tamaño más limitado de su mercado y de su aparato productivo que obligan a una mayor dependencia del comercio exterior.

   Los noventa, en contraste, se caracterizaron en toda la región por un extraordinariamente rápido crecimiento de las importaciones (Cuadro 3). La apertura comercial, la apreciación cambiaria y el repunte económico -después del estancamiento prolongado- repercutieron en incrementos anuales de 10.7% en las importaciones en términos reales, duplicando su tasa histórica. El crecimiento de las importaciones fue acelerado en las economías grandes y en las medianas y, aunque en menor grado, también en las pequeñas. Así, a nivel agregado, la velocidad de respuesta de las importaciones respecto al PIB (su elasticidad) subió a 3.3, casi cuadruplicando el coeficiente histórico de 1950-80 (0.93), lo que sugiere un debilitamiento significativo de los encadenamientos internos del aparato productivo local. ¡De hecho, una tercera parte del incremento absoluto en el volumen de ventas finales entre 1990 y el 2000 fue satisfecho con las importaciones! En la medida en que se rompieron cadenas productivas importantes se acotaron las posibilidades de lograr una expansión económica más elevada en América Latina durante estos años.

   Cabe recordar que al principio de la década prevalecía un consenso en el sentido de que a raíz de la apertura comercial las tasas de crecimiento de las importaciones aumentaría sustantiva pero temporalmente. Se aseguraba que dicho incremento perdería impulso a medida que los consumidores latinoamericanos se acostumbrasen al nuevo y fácil acceso a los bienes importados. Sin embargo el boom importador de América Latina ha prevalecido por ya más de diez años, sin asomo alguno de fatiga durante las fases de reactivación económica. Una causa de su prevalencia es, como se mencionó, el abaratamiento de las importaciones vía la apreciación del tipo de cambio real. En efecto, diversos países latinoamericanos y centroamericanos aplicaron políticas cambiarias que, en aras de abatir la inflación, provocaron una apreciación cambiaria persistente en términos reales que estimuló las importaciones.8 Pero otra causa determinante parece haber sido la ya mencionada ruptura de diversas cadenas productivas de enlaces (linkages) inter e intra-industriales. Esta ruptura, resultante de la apertura comercial combinada con el abandono de las políticas de promoción sectorial, es preocupante y obliga a robustecer la limitada capacidad de innovación que en general tienen las economías de América Latina hoy en día.9

  Por su parte, la reorientación de la producción local hacia el mercado externo se vio reflejada en el rápido crecimiento que experimentaron las exportaciones a lo largo de los noventa. En efecto, y a pesar de la apreciación cambiaria las ventas al exterior registraron alzas medias del 9.1% anual que superaron ampliamente el 3.8% registrado entre 1950 y 1980. Este notable impulso exportador, sin embargo, fue en general insuficiente para compensar los efectos de la acelerada penetración de importaciones. De hecho, en cada uno de los tres grupos de economías considerados, el ritmo de crecimiento de las exportaciones fue inferior al de las importaciones. Por esto, el sector externo no se convirtió en un motor suficientemente potente del crecimiento económico latinoamericano. Además la formación bruta de capital fijo, aunque repuntó, no tuvo un desempeño muy dinámico en estos años. Sea por la incertidumbre asociada a la instrumentación de las reformas macroeconómicas, por la caída en la inversión pública o por otras razones, en América Latina en conjunto el aumento en el cociente de inversión a PIB no recuperó el nivel alcanzado en los setenta.10

   Puesto de otra manera, dada el alza extraordinaria en el ritmo de penetración de las importaciones durante este lapso el alza de las exportaciones o de la inversión tendría que haber sido mucho más rápida para que América Latina se reinsertase en una senda de crecimiento económico de largo plazo tanto o más elevada que la que tuvo entre 1950 y 1980. Mientras dicha tasa de penetración de las importaciones permanezca creciendo con rapidez, consolidar una pauta de expansión económica alta y persistente en América Latina parece requerir un cambio en las políticas sectoriales de estímulo al desarrollo y a la innovación tecnológica y evitar la apreciación del tipo de cambio real.



VI. COMERCIO EXTERIOR Y CRECIMIENTO ECONÓMICO EN 1970-80 Y 1990-2000: UN ANÁLISIS COMPARATIVO POR PAÍSES

   Como se señaló, el repunte de actividad en las economías latinoamericanas durante los noventa no alcanzó ritmos de expansión suficientemente elevados. Si comparamos su desempeño con el que tuvo durante los setentas -la última década en que estuvo vigente la estrategia de sustitución de importaciones- son pocas las economías de la región que lograron mayores ritmos de expansión bajo el nuevo modelo (VEr Apéndice Estadístico; Gráfica 3). Sólo El Salvador, Nicaragua, Chile, Argentina, Perú y Venezuela lograron en los noventa tasas medias de crecimiento del PIB por encima de las que registraron entre 1970 y 1980. Cabe subrayar que todas estas economías habían evolucionado lentamente durante los años setenta, especialmente Nicaragua. Tres de las restantes del istmo -Panamá, Costa Rica, y Guatemala- aunque no recuperaron las pautas elevadas de crecimiento de los setentas, cuando menos pudieron crecer por encima del 4% anual en 1990-2000. No está de más señalar que muchas de las economías latinoamericanas de hecho tuvieron una evolución muy lenta en los noventa, Venezuela volvió a ubicarse como una de las economías menos dinámicas de la región y Argentina desembocó en la crisis de balance de pagos más grave de los últimos cincuenta años en la región.

  La evolución del comercio exterior de la vasta mayoría de países muestra entre ambos períodos una intensa y persistente penetración de las importaciones en los mercados locales (Ver Apéndice Estadístico; Gráfica 4). Las excepciones en el istmo son Panamá y Nicaragua, en este último en parte explicadas por la severa recesión que vivió en los setenta. Otras excepciones son Chile, Bolivia, Venezuela y Ecuador. Para el resto, la presencia de importaciones adquirió fuerte intensidad en los noventa, muy por encima del crecimiento de la producción local. Aunque en el istmo este auge importador, ante todo, fue inferior al que en general experimentaron las economías medianas y grandes latinoamericanas en este lapso.

   La oleada de importaciones sin duda ayudó a modernizar el equipo y la inversión productivos, pero debilitó parcialmente muchas cadenas productivas y, con ello, saboteó el impulso al crecimiento de la producción local. Urgen esfuerzos especiales por fortalecer la productividad de las empresas locales para que puedan hacer frente a la competencia de las importaciones. De otra manera, será necesaria un alza más acelerada de las exportaciones y, seguramente, de la inversión interna para retomar una senda de crecimiento económico adecuado.

   El desempeño de las diferentes economías latinoamericanas entre 1970-80 y 1990-2000 revela una fuerte asociación entre el dinamismo de las exportaciones y la intensidad del repunte en su ritmo de actividad productiva (Ver Apéndice Estadístico; Gráfica 5). En general, las economías que no consolidan un sector exportador dinámico manifestaron reducciones más fuertes en su crecimiento económico entre ambos períodos. Los ejemplos en el istmo son Honduras y Panamá. Por el otro lado tanto El Salvador como Nicaragua -las únicas dos economías del istmo cuya expansión en los noventa superó la de los setentas- también reportan la evolución más dinámica de sus exportaciones. En general se observa que las economías cuyo crecimiento fue especialmente dinámico en los noventa también son las que mejoraron más su desempeño exportador. La excepción es Chile que tuvo fuerte crecimiento económico en los noventa no obstante el leve descenso en su ritmo exportador. A este descenso, sin embargo, lo acompañó una caída en la participación las importaciones en su mercado interno, lo que ayudó a mantener un mayor nivel de utilización de la capacidad productiva local.

   Dada la importancia de las exportaciones como nuevo eje de crecimiento de las economías centroamericanas en los noventa conviene examinar en mayor detalle su composición (Ver Apéndice Estadístico; Cuadro 6)11

   Con la salvedad de Panamá, durante los noventa todas las economías centroamericanas reestructuraron de manera radical su oferta exportable en los noventa, al reducir la proporción de exportaciones de productos no manufacturados basados en el uso intensivo de recursos naturales. Al inicio de la década considerada éstos productos representaban más del 66% de las exportaciones en cada uno de los cinco países señalados del istmo. En contraste, en el 2000, dicha proporción era inferior al 50% y en los casos de El Salvador y de Honduras todavía más baja (16.9% y 25%, respectivamente).

   Las economías del istmo (sin Panamá) conforman junto con México y República Dominicana un grupo que se caracteriza por un auge exportador en 1990-2000 fincado en las ventas de bienes manufacturados. Son los únicos ejemplos en la región que, durante ese lapso, elevaron de manera sustancial la participación de los productos manufactureros en el total de sus exportaciones. El grupo incluye a cuatro de las economías con el mayor ritmo de crecimiento durante los noventa, aunque también a Honduras, que en los noventa experimentó lento crecimiento económico, no obstante haber alterado notablemente su canasta de exportación de manufacturas.

   Por otra parte, en la región diversas economías han centrado su forma de inserción en el mercado internacional en este lapso en la exportación de productos basados en recursos naturales. Este grupo incluye a Chile, Argentina y Perú, tres economías cuyo crecimiento fue relativamente elevado en 1990-2000. En ellas, los productos basados en recursos naturales constituyen más del 75% de sus exportaciones totales.

  Con la salvedad de Perú, las naciones cuyo ritmo de crecimiento económico entre 1990 y el 2000 superó el promedio regional fueron los que simultáneamente incrementaron más la participación relativa de sus exportaciones en el mercado mundial.12 Es claro que la vasta mayoría de países de la región tendrán que hacer esfuerzos para penetrar más con sus exportaciones el mercado mundial. En este empeño conviene evitar la sobrevaluación real del tipo de cambio. Dicha apreciación se puede convertir en última instancia "…en el talón de Aquiles de las políticas de estabilización [de la región] cuando los flujos de capital externo disminuyen." 13

   No obstante el auge relativo de sus exportaciones y su favorable reestructuración en los noventa, en Centroamérica como en el resto de América Latina en general- hay todavía mucho por hacer para consolidar un sector exportador dinámico, que esté integrado fuertemente a proveedores locales, difundiendo prácticas y procesos tecnológicos modernos. Sin ello el crecimiento económico elevado y sostenido que urgentemente necesita la región será una meta insatisfecha. En el caso de las economías del istmo -así como la de México-, sus exportaciones se caracterizan por una participación elevada de manufacturas basadas en recursos distintos a los naturales, pero se componen en buena medida de productos elaborados en plantas maquiladoras que dependen fundamentalmente de insumos importados, y que más allá del empleo no tienen encadenamientos con proveedores locales. Esto debilita la generación directa e indirecta de valor agregado del sector exportador.

   Dichas estructuras exportadoras, en el contexto de la fuerte penetración de importaciones que han seguido ocurriendo, auguran dificultades para lograr una expansión económica robusta. Remontarlas exige la instrumentación de políticas orientadas a fortalecer la competitividad internacional de los productores locales. Por otro lado, los países cuyo esfuerzo exportador se ha centrado en la venta de productos basados en recursos naturales tienden a enfrentar una demanda poco dinámica en el mercado mundial. En consecuencia, más temprano que tarde, de no modificar la composición de sus exportaciones se irá debilitando su tasa de crecimiento económico.



VII. CONCLUSIONES

   En los noventa las economías centroamericanas -como el resto de las de América Latina en general, modificaron radicalmente su estrategia de desarrollo, pero no han logrado reinsertarse en una senda de expansión elevada y sostenida. En efecto en estos años se abandonó el tradicional estilo de desarrollo apoyado en la intervención del sector público en la economía y en la industrialización basada en la sustitución de importaciones, y se colocó al sector privado -en especial al exportador- como el agente central de la inversión. Las ventas al exterior fueron, por mucho, los factores más dinámicos. No obstante, la disponibilidad de divisas continuó siendo una restricción fundamental al crecimiento económico. En los ochenta, dicha restricción se expresó en el racionamiento estricto del crédito externo y en la transferencia masiva de recursos al exterior por concepto de pagos netos de intereses y de amortizaciones. Durante los noventa, el flujo de capitales internacionales alivió parcialmente dicha restricción, pero no la eliminó. En muchos casos la volatilidad de dichos flujos fue una complicación adicional a la transformación productiva de las economías de la región.

   En Centroamérica, fue difícil incrementar el ritmo de exportaciones basadas en el uso de insumos fabricados por proveedores locales. Esto, y la fuerte alza de las importaciones, limitaron las posibilidades de elevar más el crecimiento económico. A pesar de las reformas macroeconómicas de los últimos quince años, las exportaciones no han logrado el dinamismo suficiente que compense el de las importaciones. En algunos países dicha insuficiencia se acentuó por la apreciación persistente del tipo de cambio real. Todo lo anterior amplió los déficits comerciales.

   La composición de las exportaciones refleja y, en alguna medida, determina el peso de la restricción externa sobre el crecimiento económico. Las economías de Centroamérica consiguieron un crecimiento elevado apoyándose en la reestructuración de su aparato exportador a favor de las manufacturas. En ellas, el dinamismo manufacturero, en especial de su sector maquilador, ha sido un factor importante para impulsar su crecimiento económico. Pero para lograr un desarrollo económico robusto urge sofisticar más los procesos de manufactura, ampliar su capacidad de generación de valor agregado más allá de la simple actividad maquiladora de manera que se fomenten las economías de escala, la innovación, y los encadenamientos con proveedores locales.

   Es conveniente entonces que se busquen una transformación del estilo de desarrollo seguido, que se fomente mayor sinergia entre el sector privado y el sector público para impulsar acciones concertadas e instrumentar políticas para fortalecer la competitividad de los productos locales tanto en los mercados mundiales como en los regionales y nacionales. Ello cimentaría el desempeño exportador, ampliando sus encadenamientos internos al resto del aparato productivo, fortaleciendo con ello a su vez el empleo. Asimismo, en la medida en que logre cimentar una senda de crecimiento más elevado que no necesariamente conlleva el alza sistemática del déficit en cuenta corriente como proporción del PIB, reduciría la fragilidad de las economías de la región dante los llamados "choques" externos. La agenda para lograrlo es amplia, y seguramente requiere cambios institucionales en la forma de conducir la política macroeconómica. En particular hacia una visión en que la búsqueda de la estabilidad económica se entienda no solo en términos del nivel de precios, sino también en términos de la consecución de una senda estable de crecimiento de la actividad productiva elevada que genere los empleos necesarios para ir aliviando las condiciones de pobreza en nuestra región.


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Notas a pié de página

1 Para más información sobre el tema véase CEPAL, Centroamérica: Desarrollo, Política Macroeconómica y Sustentabilidad Social. Septiembre 2001 (LC/MX/L.490)

2 Este déficit se genera por operaciones de corte monetario de la Banca Central.

3 Tal dinamismo de la economía de Estados Unidos contrastó con el bajo impulso de la economía japonesa y con la pérdida de momentum de la de Europa Occidental ante las dificultades de acomodar las exigencias de los retos que representó conformar una unión económica e incorporar contingentes masivos de inmigrantes de su parte oriental.

4 Un análisis similar puede hacerse tomando en cuenta en vez, de las distintas ramas de actividad.

5 Análisis de los efectos de las reformas macroeconómicas en el crecimiento económico latinoamericano se encuentran en, inter alia, Paunovic, I. (2000), Growth and Reforms in Latin America and the Caribbean in the 1990s, CEPAL: Santiago de Chile, Escaith,H. y S.Morley, (2000) The Impact of Structural Reforms on Growth in Latin America and the Caribbean: an empirical simulation, CEPAL: Santiago de Chile, y Lora, E. y F.Barrera (1998), "El crecimiento económico en América Latina después de una década de reformas estructurales", Pensamiento Iberoamericano, número especial.

6 El grupo de economías grandes incluyó a Argentina, Brasil y México. El de medianas a Chile, Colombia, Perú y Venezuela; y el de las otras economías pequeñas a Bolivia, Ecuador, Haití, Paraguay, República Dominicana y Uruguay. La falta de información consistente de cuentas nacionales para 1950-2000 impidió trabajar con una muestra más amplia de países latinoamericanos.

7 Esta relación se mide, en función del coeficiente dado por el aumento en el volumen importado y el aumento en el PIB, y se le conoce en términos técnicos como la elasticidad ingreso de las importaciones.

8 Dentro de la muestra seleccionada, solamente Brasil, Ecuador y Nicaragua -y en mucho menor grado Bolivia, Costa Rica, Paraguay y República Dominicana- tuvieron una apreciación considerable del tipo de cambio real durante los noventa.

9 Estudios recientes sobre esta cuestión en industrias particulares de la región están en M.Dirven (Comp.) (2001), Apertura económica y (des)encadenamientos productivos, CEPAL.

10 Véase inter alia G.Moguillansky (2001)

11 Se adoptó la clasificación de CEPAL de las exportaciones por tipo de producto, distinguiendo cuatro categorías por tipo de producto: i) bienes primarios basados en recursos naturales, ii) manufacturas de bienes ligados a recursos naturales, iii) manufacturas basadas en otros recursos, y iv) el resto.

12 Un análisis comparativo de la evolución -desde mediados de los ochenta hasta fines de los noventa- del grado de penetración del mercados mundial por las exportaciones de los distintos países latinoamericanos se encuentra en Mortimore, M. y W.Peres (2001), "La competitividad empresarial en América Latina y el Caribe", Revista de la Cepal, No.74, pp.37-59.

13 La cita proviene de CEPAL (2001), Una década de luces y sombras: América Latina y el Caribe en los años noventa, Alfaomega: Bogotá, pp.79-80.

 


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Autor: Juan Carlos Moreno Brid
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Autor: Rafael Márquez Arias
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